Vivir la experiencia europea

¡Europa celebra hoy su día grande! Tal día como hoy, en el año 1950, el ministro de exteriores francés Robert Schuman presentaba su idea de lo que iba a ser el comienzo de la Unión Europea, que desde entonces y hasta hoy se ha ido construyendo piedra a piedra.

Actualmente, la Unión Europea recuerda a su padre fundador en medio de, si no la más, una de las mayores crisis existenciales de su corta historia. Sumidos en la crisis de refugiados, y aún nadando en las dificultades económicas, Europa tiene la oportunidad de hacerse grande otra vez y demostrar que no está escrita sólo sobre el papel mojado, sino que la diosa representa un pueblo unido que tropieza y que puede levantarse con más fuerza.

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Pero el pueblo europeo habla muchos idiomas, y necesita entenderse…¡el pueblo pide traductores e intérpretes! Y allí, a la cuna de los intérpretes es donde vas cuando te formas en (cuña publicitaria) el Máster de Interpretación de Conferencias de la Universidad de La Laguna: las instituciones europeas.

Yo esperaba este viaje con la emoción de quien espera el día del concierto de su grupo favorito, contando las horas, y aprendiéndose el repertorio mientras se muerde las uñas. Además, este viaje estuvo cargado de más emoción si cabe, pues mis compañeros y yo visitamos Bruselas apenas un mes después de los atentados de Zaventem y Maelbeek; no voy a entrar en detalle, pero la sensación de estar allí sabiendo lo que acababa de ocurrir, con las heridas aún sangrando, ponía los pelos de punta y te concienciaba más de la necesidad de acabar con la barbarie ya. Ya.

Dejemos la seriedad a un lado si os parece, porque voy a contaros las aventuras de una estudiante del MIC en Bruselas y Luxemburgo (guiño, guiño).

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Primero, Bruselas. Allí nos recibieron el primer dia, café en una mano (las cervezas vinieron después, como no podía ser menos en la capital del zumo de cebada) y examen en la otra. Varios miembros del SCIC (Servicio Común de Intérpretes de Conferencias de la Comisión y el Consejo) como Alicia Lázaro y Javier Hernandez Saseta nos dieron la increíble oportunidad de participar en un simulacro de lo que sería una prueba de acceso real para obtener la acreditación de intérprete de las instituciones. En un primer momento yo misma no estaba entre los compañeros que iban a hacer el simulacro, pero por gracia del azar pude participar, siendo además la primera en subirme a la palestra. La clave de este simulacro es que el jurado deliberaba la prestación delante del candidato (algo que jamás ocurriría en la vida real), lo que resultó ser tremendamente instructivo: escuchar de primera mano lo que un intérprete con ese bagaje busca en una interpretación es oro puro. Por cierto, la dinámica de las pruebas ha cambiado este año, pulsa para más info.

Y por fin llegó el momento “the Oscars goes to…”: ¡Entrar en las cabinas!

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Rodeada de estrellas de la interpretación, y sintiendo la importancia de la acreditación que colgaba de la solapa de mi chaqueta, qué tópico y qué verdad. La cabina 8, la española, se portó de excepción con nosotros. Fue una pasada escuchar esas prestaciones en vivo y en directo, sintonizar diferentes cabinas, coger relés, observar y empaparse bien de todo lo que estaba pasando alrededor. No exagero cuando os digo que disfruté como una enana entre tanto profesional, ni los ojos ni los oídos podían abarcar todo lo que yo quería captar de aquel lugar. Además, las cabinas de la Comisión y el Consejo tienen una calidad envidiable…ese espacio, esas vistas, ese material…condiciones de ensueño (snif). Otro día, esta vez en el Parlamento, también pudimos hablar con diferentes intérpretes, entre ellos el que ya ha sido nombrado nuevo jefe de la unidad española, el apasionado del cine Alberto Ramos.

Para la siguiente etapa de la aventura nos montamos en un tren de tres horitas con destino Luxemburgo, donde también me sentí como si tuviera delante a una estrella de cine fue en el Tribunal Europeo. Allí estaba trabajando una intérprete italiana, Daniela Amodeo, que tantas veces ha estado al otro lado de mi pantalla hablándome desde el Speech repository (su “oddio” con la mano en la frente fue muy gracioso, intuyo que es el equivalente lo que hacemos todos cuando nos vemos en las grabaciones familiares). Los intérpretes del Tribunal están a otro nivel de velocidad, volar es poco para ellos. Allí también pudimos sentir el glamour de las cabinas del tribunal más bonito que he visto (vale, no he visto muchos, pero era precioso, juzgad vosotros mismos).

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Todo lo que baña la luz…

Además de dejarnos presenciar una vista cortita, la cabina española nos ofreció interpretación sin que el español fuera idioma de trabajo en esa sesión…lo dicho, que nos tuvieron en palmitas todo el viaje, gracias gracias y más gracias. Voy a empezar a prepararme una lista de trabalenguas para agilizar la lengua a esas velocidades de vértigo…se aceptan sugerencias 😉

Para dar el broche final a tanta aventura, no pudimos sino vivir la experiencia ferroviaria por excelencia: problemas en la vía, retrasos, cambio de tren, trayecto en bus, de nuevo tren…menos mal que la risoterapia alivia hasta el momento más tenso y cansado, y así mis compañeras y yo supimos sacarle el lado divertido a tanto periplo (y el lado desesperado al ver pasar trenes que no eran nunca el nuestro…).

Y la cerveza, los gofres y las patatas hicieron el resto. Nada como un estómago para digerir tanta aventura y tanto aprendizaje. Yo cogí un avión de vuelta a mi isla, mientras las instituciones y sus fabulosas cabinas se quedaron en suelo belga. Ellas no se van a mover de ahí, pero yo sí. Aquí, allí, allí y aquí, hasta que un buen día vuelva a sentir la adrenalina que destilan las paredes que construyen Europa.

“Europa ha proporcionado a la humanidad su pleno florecimiento. A ella le corresponde mostrar un camino nuevo, opuesto al avasallamiento, con la aceptación de una pluralidad de civilizaciones, en la que cada una de estas practicará un mismo respeto hacia las demás” – Robert Schuman

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